Bruno Schulz

Los murales perdidos del escritor y artista Bruno Schulz

Los murales de Bruno Schulz, sus últimas obras descubiertas, se han convertido en objetos para ser reclamados y poseídos. El interés por poseer los símbolos ya excede cualquier potencial que puedan tener para conmemorar la vida de su creador.

Por Juan Araujo

Israel, Ucrania y Polonia son los tres países que reclamaron la custodia de los murales del gran artista, últimas obras descubiertas en una casa de una aldea ucrania. El Gobierno Ucranio denunció la salida de los murales del país sin licencia de exportación. Israel sacó del país los murales para depositarlos en en Yad Vashem, el Museo del Holocausto en Jerusalén. A día de hoy Israel tiene un acuerdo con Ucrania que ratifica pertenencia ucraniana de los murales, pero con un permiso de permanencia en Jerusalén durante 20 años.

En febrero de 2001, un joven documentalista alemán llamado Benjamin Geissler viajó a Drohobycz con su padre, Christian, para documentar la preocupación de este último con el escritor y artista judeo-polaco Bruno Schulz y el misterio de los murales que pintó para un oficial nazi de la Gestapo Felix Landau en 1942.

Bruno SchulzDurante casi 60 años, no había sido posible localizar las últimas obras de arte de Schulz, y se suponía que se habían perdido para siempre. Pero para asombro de los estudiosos y entusiastas de Schulz en todo el mundo, Geissler y su pequeño equipo terminaron encontrando los frescos, que surgieron como sombras detrás de capas de cal en la despensa de lo que todavía era una residencia privada. El descubrimiento llegó a los titulares internacionales, y llegaron especialistas de Polonia para examinar los murales que representaban figuras coloridas y extravagantes, algunos con caras que se parecían mucho al artista, a Felix Landau y a su amante. Tras el hallazgo, los murales fueron rescatados a toda prisa de las capas de cal. Después de la confirmación de autenticidad, fueron retirados y enviados a Jerusalén cargados de polémica.

Bruno Schulz vivía en Drohobych (una ciudad polaca provincial que ahora se encuentra en el oeste de Ucrania) en 1939 y trabajaba en una novela, El Mesías, cuyo manuscrito aún no ha sido encontrado. Después de la ocupación de Drohobych por los nazis en 1942, Schulz que era judío, fue obligado a vivir en el ghetto Drohobych.

Felix Landau, un oficial nazi de la Gestapo que había visto y admirado las obras de arte de Schulz, le ordenó, en 1942, que pintara murales en las paredes de la guardería infantil de la casa de la familia Landau. Schulz recibió permiso especial para abandonar el gueto para dicha tarea, y en lo que serían las últimas semanas de su vida, trabajó en los murales: una serie de imágenes de cuentos de hadas, con un giro rebelde.

Bruno SchulzLa Cenicienta, Blancanieves y los Siete Enanitos, y Hansel y Gretel etc…  muestran las caras de personas reales: el propio Schulz, su padre y otros miembros de la población judía de su ciudad. Ponerse a sí mismo en las riendas del proyecto fue un desafío que puso en riesgo su vida (que al final le costó), ya que la ley nazi prohibía a los judíos viajar en carruajes o conducir vehículos. Su rostro es también el de la bruja, una referencia, según los comisarios de arte, de las cazas de brujas que los judíos sufrieron en los meses posteriores a la conquista nazi de su ciudad en junio de 1941.

Bruno Schulz dibujoAdemás de dibujante y pintor, fue un gran escritor. Las historias de Schulz, retratos fantasmagóricos de la vida de la pequeña ciudad durante la desintegración del imperio Austro-Húngaro, se cuentan en una prosa exuberante y lírica que es ampliamente acreditada con revigorizar el lenguaje literario polaco de la década de 1930. Sus dos delgados volúmenes, Cinnamon Shops (traducidos al inglés como The Street of Crocodiles) y Sanatorium bajo el signo del reloj de arena, son clásicos modernos, ampliamente leídos y enseñados en las universidades. La crítica de Schulz es una verdadera industria dentro de la academia polaca, y los nuevos descubrimientos en la búsqueda constante de obras de Schulz perdidas son ampliamente publicitados y discutidos en la prensa de Polonia.

Poco después de que Schulz terminara aquellos murales en 1942, estaba caminando a su casa con una barra de pan cuando fue asesinado por otro oficial de la Gestapo, Karl Günther, como venganza por el hecho de que Landau había asesinado a su dentista judío (en una siniestra pugna de posesión y dominio, tu mataste a mi judío yo mato al tuyo). El mural de Schultz fue pintado y olvidado durante décadas.

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