El papel de los medios de comunicación en la división y enfrentamiento entre pueblos

Por Carles Giménez

Durante varios meses y los que aún quedarán la Opinión Pública española está sufriendo la mayor campaña de presión psicológica en contra del independentismo catalán (muchas veces identificado erróneamente pero con consciencia como pueblo catalán por parte de algunos medios).

Con una machacante retórica que lleva un largo tiempo (sin precedentes) aburriendo y desgastando al trabajador/a (sobre todo si trabaja en bares), al contribuyente y al español, española en general…, el conflicto político catalano-español y las elecciones de Cataluña se manifiestan como el único asunto de relevancia de nuestros medios de comunicación ignorando o dejando en el tintero temas tan importantes como la tramas de corrupción del Partido Popular y la actualidad judicial o temas económico-productivos relativos a la soberanía de todos los habitantes como es la firma del tratado de libre comercio con Canadá CETA y la pérdida de empleos que dicho acuerdo conllevará. La continua sobreinformación en exceso del mismo tema oculta una infinidad de hechos y asimismo la saturación de tal caudal informativo impide al receptor una reflexión clara ante lo que está sucediendo.

De ahí que resulte fácil concluir que los políticos y oligarquías de ambos bandos han incitado a un enfrentamiento deseado por ambas élites y han sabido canalizar las actuales y profundas disfunciones sociales del capitalismo español en crisis hacia el odio y el enfrentamiento entre ideas políticas (división y fractura social entre pueblos) y sobre todo si tenemos en cuenta el acuerdo económico express que el Gobierno sí ha querido alcanzar en fechas muy cercanas con el PNV (con una facilidad estruendosa y sin tanta campaña de medios) y el cupo vasco sin tener que mandar a la policía en cruceros de Piolín y el pato Lucas. El proceso catalán y su tratamiento en medios así como la mala prensa hacia lo catalán y lo español simultáneamente (según el medio) guarda similitudes con otros conflictos étnicos o políticos que ya se han sido estudiados: Conflictos donde las sociedades se atomizan en dos o varios bandos en enfrentamiento, ascendiendo el extremismo y empequeñeciéndose el espacio para los sectores moderados de ambos lados.

Es por ello que me gustaría recordar en este artículo dos ejemplos que si bien por su grado de barbarie tienen poca relación con el choque de trenes catalano-español (que ninguna de las dos estaciones de origen quiso evitar), poseen el gérmen del enfrentamiento entre grupos que tanto aprovechan las élites para conseguir el dominio total de la población y los recursos nacionales sin importarles la fractura social, las familias divididas y los vecinos enfrentados.

“Desde que tenía 4 años, en el colegio, nos enseñaban a odiar a los tutsis. Nos decían que no nos querían en el país, que eran nuestros enemigos y que cuando recuperaran el control del país nos exterminarían”. “Años después, como presentadora de radio, creía firmemente que estaba haciendo mi trabajo, que tenía que defenderme a mí misma, a mis familiares, a todos los hutus y a mi país”. “Se planteaba como una cuestión de asesinar o ser asesinado”“Instalar el odio en nosotros llevó muchísimos años a través de las instituciones, la escuela, las canciones. Cuando naces y creces en ese entorno, es difícil distinguir entre el bien y el mal”.

Estas son las palabras de Valerie Bemeriki, la voz del enfrentamiento étnico de Ruanda que a través de su cadena de radio, que fue clave en el conflicto, instó a la marginación, la permanente hostilidad y finalmente al asesinato sistemático, una bacteria contagiosa de incitación al odio y al homicidio de muchas personas de la etnia tutsi y hutus moderados que conmocionó a la Comunidad Internacional y desembocó en un gran genocidio. El papel de la emisora de radio de las Mil Colinas RTLM fue crucial para llevar a cabo el violento enfrentamiento entre vecinos y vecinas de diferentes etnias (y algunas de la misma pero con una visión moderada de convivencia que ya no tenía espacio) que vivió el país;  lo que nadie sabía ni suelen contar es que la emisora estaba siendo financiada por familiares del presidente Juvénal Habyarimana y controlada por la facción hutu más extremista del partido en el poder con el propósito de inyectar el odio étnico en la población. El odio hacia la etnia Tutsi satisfacía las ansias de dominio del patriotismo radical y extremista Hutu.

El papel de la Radio de las Mil Colinas es un ejemplo llevado a sus consecuencias más nefastas y extremas del papel que pueden llegar a desempeñar los medios financiados por los poderes fácticos, económicos y militares (fianciados a través del mercado de coltán). Existen muchos más ejemplos donde los Mass Media fueron utilizados para organizar enfrentamientos entre la población civil por parte de poderes y élites gobernantes con ansias de dominio sobre otros así como la división de la sociedad y de su propia conciudadanía para tales fines. Todos los yugoslavos recuerdan cómo la patada del futbolista Zvonimir Boban  en 1990 fue la patada que destruyó su país.

El fútbol yugoslavo fue el laboratorio, el mini-escenario, que recreó todo lo que después iría ocurriendo en los Balcanes hasta desencadenarse el enfrentamiento armado. El partido de fútbol entre el Dinamo de Zagreb croata y el Estrella Roja serbio fue el acontecimiento que desencadenó la posterior guerra. Tras la entrada de los ultras de ambos clubes y los enfrentamientos violentos, la policía directamente atacó a los ultras croatas. Ese día fatídico se saldó con apuñalamientos e intoxicaciones de gas lacrimógeno pero lo que todo el mundo recuerda fue la patada del futbolista croata Zvonimir Boban contra un agente de policía. Ese hecho fue el detonante de una situación de odio latente que desencadenaría en una de las guerras más violentas del siglo veinte y donde las convenciones internacionales y códigos civiles en períodos bélicos pasarían a la historia por su ausencia y sistemática vulneración durante la guerra.

Ultras de toda Yugoslavia dejaron la grada por la trinchera cuando comenzó la guerra, fue un proceso común en todo el país a medida que iba desintegrándose en partes enfrentadas. Mostraron que el fútbol estaba dibujando un campo de batalla que ellos mismos ocuparon cuando por fin la guerra eclosionó. El proceso dejó entrever cómo el balón y el fusil caminaron juntos de la mano, cómo las banderas se descolgaron de las vallas de los estadios y se volvieron a colgar en las alambradas militares. El 11 de octubre de 1990 veinte ultras del Estrella Roja respaldados por el gobierno yugoslavo de Belgrado, crearon la Srpska Dobrovoljacka Gard (SDG), Guardia Serbia Voluntaria. La sangrienta milicia militar pasaría a la historia con otro nombre: los Tigres de Arkan.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *