Los atentados con ántrax de 2001, subterfugios para crear una histeria colectiva y pánico en la sociedad norteamericana han sido ejemplo y así deberían ser recordados de cómo el propio gobierno o sus entidades militares fueron causantes del terrorismo contra la propia población estadounidense. La investigación final del FBI concluyó años después que las cepas del virus provenían de un laboratorio militar. Con el caso del ántrax al igual que con el atentado de las torres gemelas se ha justificado la intervención bélica global de Occidente, Otan y su Globalización en todo el mundo.

Casualmente dos senadores demócratas preocupados por las libertades civiles y en contra de George Bush fueron objetivos de estos atentados.

El carbunco, conocido también con el nombre de ántrax (Bacillus anthracis) es una bacteria que produce lesiones oscuras en la piel del ser humano, de ahí que su nombre provenga del griego anthrakis (ἄνθραξ), “carbón”; Fue la primera bacteria con demostración patógena concluyente en 1877 por el microbiólogo alemán Robert Koch, quien también logró demostrar su cultivo y el descubrimiento del fenómeno de esporulación.

En 2001, tras los atentados del 11 de Septiembre tuvieron lugar varios ataques con la bacteria carbunco (modificada en laboratorio, más fuerte y armada). La bacteria fue enviada en cartas postales las cuales contenían infinidad de esporas puras e infecciosas; fueron enviadas a varias oficinas de medios de información (ABC News, CBS News, NBC News, New York Post y National Enquirer) y a dos senadores demócratas de los Estados Unidos (Tom Daschle y Patrick Leahy), en Nueva York, Boca Raton y Washington, D.C.. El resultado fue un total de 22 personas infectadas, cinco de las cuales fallecieron.

Barbara Hatch Rosenberg, una bióloga molecular e investigadora en la Universidad del Estado de Nueva York, describió el material encontrado en las cartas como carbunco “armado” o “con grado de arma” (potenciado y en cantidades mortales) durante una entrevista en 2002, algo que misteriosamente el FBI desmintió a través del Washington Post (para obtener esa cantidad y calidad de esporas se necesita mucha experiencia y maquinaria). Los atentados añadieron más confusión a la ya conmocionada Opinión Pública norteamericana. La carta “mortal” enviada a los senadores de EEUU contenía una nota en la que se decía:

NO NOS PUEDEN DETENER, TENEMOS ESTE ÁNTRAX. VAS A MORIR AHORA. ¿TIENES MIEDO? MUERTE A EE. UU. MUERTE A ISRAEL. ALÁ ES GRANDE.

Recuerdo aquellos días en medio de tanta polémica y conmoción, los días donde se encendió el subterfugio que EEUU utilizaría para iniciar su guerra contra el terror en todo el mundo e invadir Irak, Afganistán, Libia, Siria etc.. Entre toda la lluvia de especulaciones algunos medios en España argumentaron la hipótesis de la autoría de sectores de extrema derecha estadounidenses. La investigación oficial norteamericana del FBI culpó a dos asesores científicos que ayudaban a la misma investigación del caso. Se trataba de Bruce Ivins, conocido investigador en biodefensa del USAMRIID, Instituto de investigaciones médicas en enfermedades infecciosas del Ejército de EEUU que increíblemente se suicidaría justo antes de que el FBI lo encausara por los atentados en 2008.

Lo cierto es que estos atentados serían utilizados como subterfugio para aducir que Sadam Hussein poseía armas biológicas y químicas llegando incluso a afirmarse a través de la prensa corporativa que el ántrax con bentonita era una característica del programa de armas biológicas del presidente iraquí, algo que nunca quedaría demostrado después de la incursión militar.

Como si obedeciese a una estrategia planeada un mes antes, el 26 de Septiembre comenzó una campaña de medios para alertar y asustar a la población por ataques de guerra biológica. Incluso un epidemólogo llamado Javier Figueroa del equipo de Biodefensa militar de EEUU advertía del riesgo mortal de atentados con Ántrax. Senadores como Edward Kennedy pidieron duplicar el presupuesto de prevención de bioterrorismo, el gobierno francés puso en máxima protección los gérmenes patógenos de laboratorios e industrias e incluso la Escuela de Medicina de Harvard y el Instituto Whitehead en Massachusetts comunicaron el 1 de octubre que ya disponían de una solución para hacer frente a infecciones de ántrax. En definitiva los mismos políticos a través de los medios estaban preparando a la población mediante la histeria colectiva y el miedo para lo que empezaría el 4 de octubre.

Ante tanta desorientación yo siempre he optado por el análisis del beneficio, es decir mantenerse a la espera del desarrollo de las consecuencias y observar quién saca tajada de la situación. Creo que la clave de los atentados terroristas se centra en los dos senadores demócratas estadounidenses que fueron objetivos mortales, Tom Daschle y Patrick Leahy, conocidos por sus reservas contra la Ley Patriótica de Bush por la vulnerabilidad que ocasionaba a las libertades civiles.

Daschle, senador de Dakota del Sur, fue uno de los representantes de la cámara más escépticos con el ataque a Irak que preparaban los Republicanos ya en 2002. Que la estrategia terrorista se dirija contra dos políticos de la bancada demócrata (la oposición) y que ambos se encuentren entre la bancada menos belicista y pro derechos humanos de la cámara estadounidense no encaja para nada en que puedan ser relevantes objetivos “militares” por parte de las milicias de Al Qaeda (el malvado global en aquél entonces).

No deja de ser interesante también que el otro objetivo, Patrick Leahy sea el padre de la Enmienda Leahy aprobada en 1996 (con el voto de demócratas y republicanos) y que algunos han calificado de amenazadora de la unidad necesaria para la “estrategia estadounidense” en el extranjero. La Enmienda Leahy fue concebida por la preocupación por la vigencia de los derechos humanos en todo el mundo y basaba su naturaleza en la legislación a las asignaciones y recursos que proporcionaba EEUU para las fuerzas en el extranjero (sin afectar a la CÍA). Prohibía expresamente el envío de fondos económicos a unidades de fuerzas de seguridad extranjeras si la Secretaría de Estado determinaba la existencia de pruebas fiables de la vulneración de derechos humanos por parte de dichas fuerzas.

La Enmienda se aprobó y fue ampliada posteriormente aunque el presidente Clinton hizo malabarismos burocráticos para poder saltársela con las operaciones de financiación norteamericana del nuevo ejército Colombiano de manera que no tuviera que rendir cuentas al Congreso.

No es nada desdeñable que toda esta la amalgama de políticos belicistas, globalistas e imperialistas de EEUU, incluyendo los poderes económicos del Nuevo Orden Mundial quisiera efectuar una venganza contra el padre de una enmienda que castraba sus aspiraciones de actuación violenta global con total impunidad para los intereses de la Élite Globalista (y sus futuros planes de ejércitos privados de empresa).

En EEUU el FBI desestimó finalmente la hipótesis del terrorismo yihadista al apuntar que la autoría estaba en alguien del país; Más tarde se habló de una hipotética trama de la extrema derecha estadounidense que también acabaría desestimada. Finalmente los investigadores hallaron que las cepas de ántrax podían haberse creado dos años antes de la emisión de las cartas y que podían provenir de un laboratorio militar.

De entre todos se averiguó que provenían de Fort Detrick por lo que se acusó al microbiólogo Ivins de los ataques con ántrax (se suicidó antes de ser encausado, víctima de una sobredosis de Tilenol con codeína). La acusación sigue siendo muy controvertida, ya que incluye al gobierno en la culpabilidad; sin embargo, las preparaciones de carbunco usadas en los ataques son de diferentes grados, todo el material deriva de la misma cepa conocida como Cepa Ames, la cual fue desarrollada por USAMRIID, Instituto de investigaciones médicas en enfermedades infecciosas del Ejército de EEUU. En agosto de 2008, Estados Unidos declaró oficialmente culpable de los ataques con carbunco del 2001 a Bruce Ivins, empleado de Fort Detrick.

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