La influencia del lenguaje secuestrado por el capital

Por Atlántica

¿Cómo un alarido puede resultar perturbador? El llanto de un niño es un código acústico indescifrable. Sin embargo raramente no recibe la respuesta o atención necesarias. Se trata de la primera manifestación de lenguaje humano donde el receptor entiende que ha de satisfacer una necesidad del emisor. Hablamos de una destreza comunicativa pura que responde a nuestra urgencia de interacción como seres plenamente sociales.

En muchas ocasiones nuestra comunicación tiene una finalidad oculta que el receptor puede llegar a intuir. Somos seres individuales en busca permanente de nuestra propia supervivencia, pero partícipes de un entramado social; esto nos convierte en verdaderos artesanos del lenguaje.

Hemos oído muchas veces refranes como: “Las palabras se las lleva el viento” o “Obras son amores y no buenas razones”; en este artículo quiero poner de relieve cómo la comunicación y el lenguaje pueden evolucionar favoreciendo un determinado sistema de valores.

Una sociedad que ha sido capaz de, por ejemplo; inventar, comprender y transmitir un código representativo como el morse; no puede consentir que más de 3.000 lenguas estén en peligro de desaparición. Su pérdida significará también el olvido de culturas que fueron respetuosas con los recursos naturales. Las First Nations (primeras naciones) canadienses conservan en sus lenguas los valores forjados por la naturaleza influenciando su cultura, su espiritualidad y su política.

Los lenguajes silenciados por el poder son precisamente los códigos que ponen en riesgo su perpetuidad por albergar en su interior diferentes maneras de entender el mundo. ¿Cuánta sofisticación necesitamos para comunicar las llamadas de auxilio? Los llantos no configuran un código exacto y sólo pueden esperar como respuesta la aceptación o el rechazo.

¿Cómo podemos comunicar todo el sufrimiento que está causando el capitalismo? Acaso el lenguaje que utilizamos no es lo suficientemente conciso para ser entendido. Cuando recibimos información sobre los desmanes cometidos por la trama del capital reconocemos lo sucedido como dañino. Sin embargo el sistema consigue minimizar estas realidades utilizando no sólo la manipulación mediática. El arraigo connotado de los valores capitalistas en nuestros modos de comunicación supone un verdadero secuestro del lenguaje.

Secuestrar el lenguaje posibilita tener el control de las conductas sociales e incluso del pensamiento colectivo. ¿Dónde se encuentra secuestrado el lenguaje? Nuestro lenguaje cotidiano está alejándose de la naturaleza y acercándose a los intereses del simulacro monetario, situándose muy lejos de la realidad que acontece. Por ejemplo, cuando hablamos de crecimiento económico; obviamos la dilapidación de los recursos naturales. Sin embargo en vez de proponer una solución real recurrimos a los simulacros escritos que suponen los tratados o protocolos internacionales. El poder se esconde detrás del lenguaje y nosotros nos convertimos en verdugos al aceptar los términos y conocimientos de su modelo.

Para liberar nuestro lenguaje habría que desenmascarar a los verdaderos dependientes de la fuerza bruta. El poder se esconde detrás de palabras gigantes como: democracia, cambio climático, multinacionales, progreso, industria, internet, cultura, religión, espiritualidad, conocimiento, universidad, turismo, globalización y un largo etcétera.

El entramado comunicativo está repleto de mensajes que derivan en números inteligibles (sin intervención de los sentidos). Si perteneces a la clase baja de la sociedad y tu vida experimenta la pobreza material, el implacable calificativo Loser (perdedor/ra) pesará sobre ti como una losa bien merecida. Este es un ejemplo de cómo el poder mantiene secuestrada la lengua dentro de la propia sociedad.

Cuando aceptamos un sistema injusto el lenguaje se convierte en la máscara principal para ocultar los crímenes. De esta manera la comunicación interpersonal supone un fraude para los intereses de las clases inferiores de la sociedad capitalista.

El determinismo lingüístico sigue configurando qué aspectos de nuestra propia naturaleza podemos asumir y cuáles no para comunicarnos. Cuando utilizamos nuestra lengua con las connotaciones atribuidas por el sistema de poder, estamos fidelizando sus valores en el conjunto de la sociedad.

Un signo trascendental que vislumbra el alineamiento del lenguaje con el capitalismo lo encontramos en el desuso de la palabra creación en el ámbito educativo. Se apuesta por la creatividad porque no interesa abrir nuevas dimensiones vitales. Más bien el objetivo es edulcorar o refrescar lo existente para simular que algo diferente puede llegar a suceder. Creador frente a creativo. Obra frente a ilusión.

Anecdóticamente, otro síntoma claro es la proliferación de todo tipo de anglicismos ligados normalmente al business (negocios).
El éxito de estás expresiones es también el éxito de un sistema destructivo que usa el lenguaje como propaganda de sus virtudes y como fuente para satisfacer el inmovilismo deseado.

El inglés es una lengua extraordinaria que está siendo utilizada en el sistema capitalista para colonizar técnicamente todo el mundo. Un lenguaje pervertido por el dinero, por la competencia y por el afán de crecimiento que está penetrando en el resto de lenguas existentes. Un modelo comunicativo que cumple con el paradigma industrial y defrauda al ser humano que necesita expresar necesidades y proponer ideas. Una idiosincrasia lingüística tergiversada por la picaresca orwelliana. Un modelo empírico de posicionamiento acrítico frente a las injusticias perpetradas por el poder. Una dictadura científica, tecnócrata, egocéntrica y espiritualmente ignorante.

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