Parlament global

Fotografía de la Declaración de Independencia en el Parlament. No había banderas catalanas, tan solo la de la Globalización: Naciones Unidas

La Globalización comienza la cruzada contra la soberanía de los pueblos con el telón catalán de fondo.

Atención lect@r: Este artículo es mera hipótesis

Por Marcos Mesa

Albert Rivera: solo se podrán afrontar los grandes retos del futuro con una Unión Europea (UE) más fuerte, en la que todos los estados cedan soberanía en pro del proyecto común, cuyos adversarios son los populismos y los nacionalismos.

Se avecina un nuevo movimiento ayudado por vientos contranacionales en la Unión Europea en su evolución hacia los Estados Unidos de Europa y la implantación total del Neoliberalismo Globalizado sin fronteras. Como no podía ser de otra manera, dichos cimientos nacerán de la confrontación y la división de los pueblos europeos, sus países e identidades.

El viaje del ex president catalán Carles Puigdemont a Bruselas, capital de la UE, no ha sido casual; ha sido un viaje programado con un profundo análisis de la jurisprudencia belga, la existencia de un partido nacionalista en el poder que pudiera servir de apoyo y sobre todo, y aquí radica la clave de este periplo secesionista, llevar la crisis catalana a las puertas de la Unión Europea y deslegitimar a la misma en su propia capital administrativa.

El partido de Artur Mas, que hasta entonces presumía de ser el más europeísta de España (recordemos las banderas de la UE en la primera consulta catalana), en pocos meses -fruto de una esquizofrenia estratégica- ha tildado a la Unión de conglomerado de países decadentes y retrógrados. La antigua Convergencia rebautizada como PDeCat, que fue la mano ejecutora (al igual que Psoe y PP) de los miserables recortes económicos de la austeridad impuesta desde Bruselas por Alemania a los países europeos del Sur, cambia su papel y de repente muerde y ataca a la Unión Europea en su propio cubil (la capital) a través de la figura de Carles Puigdemont con notorias declaraciones bastante ásperas e insultantes contra el supuesto proyecto común europeo.

Ya en la campaña catalana los movimientos que van tomando las diferentes partes comienzan a dejar ver que esta confrontación interna española es algo más que un asunto de secesionismo republicano. Como no puede ser de otra manera, la Unión Europea camina hacia una mayor centralización del poder y una fagocitación de la soberanía de los estados que la componen y por ello todo lo que está sucediendo ahora en Cataluña y por ende en España tiene que ver con la soberanía de los pueblos de Europa y con su inminente pérdida de forma programada y paulatina.

La sistemática criminalización que está sufriendo la administración de tipo nacional o “país” (denominada de forma despectiva como nacionalismo) se ha extendido de forma retórica hacia toda señal de soberanía popular así como de identidad nacional o de país. Estamos asistiendo a un experimento por parte de la Unión Europea de implosión de los estados-nación del siglo XIX de forma controlada para extender aún más el dominio de la Globalización. Y qué mejor forma de hacerlo que cuestionando y poniendo en tela de juicio “las fronteras político-administrativas” (no me refiero a las físicas eliminadas gracias al tratado Schengen) de las naciones del siglo XIX a través de acusados movimientos secesionistas y de naciones no consolidadas que llegaron tarde a su reconocimiento como países…

El boomerang contra la identidad nacional que España está lanzando contra Cataluña es muy probable que en poco tiempo se vuelva contra el propio país español e identidad española (y los pueblos que lo componen). En pocos meses la Cruzada de la Globalización contra los estados va a seguir exaltando una negatividad de la identidad nacional para deteriorar la administración nacional (que es realmente lo que le interesa) llegándola incluso a comparar con el nazismo alemán (los términos utilizados serán populismo cuando se trate de defender lo público, suprematismo cuando no se esté de acuerdo con las decisiones político-económicas de la Unión y finalmente conservadurismo si no se siguen las directrices neoliberales (que implican que las decisiones productivas, salariales, monetarias etc…se tomen fuera).

Ciutadans
Acto de apoyo del ex primer ministro francés Manuel Valls y Vargas Llosa a favor de la nueva fuerza política Globalista: Ciutadans

En poco tiempo cualquier persona que desee defender los derechos y soberanía de su país será considerado un fascista o un nacionalista populista sin escrúpulo alguno. Recientemente hemos sido testigos de discursos como el del escritor Vargas Llosa (para apoyar a Inés Arrimadas) acusando de reaccionarias y tradicionalistas ni más ni menos que a las Candidatures de Unitat Popular CUP, candidaturas que siempre han estado en el movimiento anticapitalista y de izquierdas.

Toda defensa del estado, de los gobiernos regionales, de las políticas keynesianas, de las remunicipalizaciones y de lo público serán criminalizadas en pocos años como engranajes antiguos de la vieja sociedad (vieja política) y representativos de conductas nacionales denominadas nacionalistas, tildadas de peligrosas y del peor pasado del continente europeo. La comparación de la defensa de los países con el nacionalsocialismo será un instrumento definitivo para la consolidación del movimiento Neoliberal Globalizador que conllevará la pérdida total de soberanía popular de los pueblos europeos y un control más lejano de sus propias democracias (cuya soberanía estará depositada en superestructuras como la UE, con un gran déficit democrático y gran presencia del sector privado multinacional a través de sus parlamentarios vendidos).

Toda esta campaña de la UE que establece dicha deslegitimación de los países como entidades administrativas solo puede obedecer a dos cosas:  un inicio de una estrategia profunda para atacar a la soberanía de los pueblos europeos y allanar el camino a las nuevas fuerzas políticas de la Globalización que dicen llamarse Progresistas cuando en realidad son profundamente Neoliberales y globalistas, o bien la cercanía en pocos meses de nuevas y mucho más intensas medidas de austeridad en España y la posibilidad de que la Opinión Pública las acepte sin resistencia (dado el carácter de apoyo a España que ha desempeñado la UE frente a Cataluña).

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