George W. Bush al presidente argentino Nestor Kirchner: “La mejor forma de revitalizar la economía es la guerra; los EEUU se han fortalecido con la guerra”.

Jorge BeinsteinDestacado economista marxista, especializado en prospectiva y economía global, Jorge Beinstein es Doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de Franche Comté-Besançon, Francia, y actualmente profesor emérito de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, donde dirige el Centro Internacional de Información Estratégica y Prospectiva (CIIEP). Ha sido académico en importantes universidades de Europa y América Latina, donde también ha dirigido relevantes proyectos de investigación. Entre sus últimos libros destacan: Comunismo o Nada, La ilusión del metacontrol imperial del caos: La mutación del sistema militar de los Estados Unidos, Capitalismo del siglo XXI, y Crónica de la decadencia: Economía global 1999-2009. Sus trabajos se pueden leer en la web beinstein.lahaine.org.

Con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos entró en la nueva era de la “Economía de Guerra Permanente”. Después de la victoria aliada, la economía militarizada de EEUU asumió un rostro civil y “democrático” ocultando sus fundamentos bélicos. Hoy en día la maquinaria bélica sigue funcionando como un coche sin frenos; sin embargo, la decadencia del keynesianismo militar (economía basada en guerra y gastos militares del estado) es una etapa que solo se explica por el arrastre de defectos parasitarios debido a la expansión del imperio anglosajón-sionista de EEUU. La trama financiera ocupa un lugar decisivo en este punto.

En un primer momento el aparato militar-industrial y su entorno se expandieron convirtiendo el gasto estatal en empleos directos e indirectos, transferencias tecnológicas dinamizadoras del sector privado. El continuo  crecimiento económico terminó provocando saturaciones de mercados locales, acumulaciones crecientes de capital, concentración de ingresos e iniciativas empresariales, con lo cual en los años 60 el capitalismo se precipitó a una crisis de sobreproducción: la crisis de la libra esterlina, el fin del patrón dólar-oro y los shocks petroleros de 1973-79. La crisis fue salvada con medidas a largo plazo, gasto militar y saqueo de las periferias. Sin embargo el Imperio acumuló deudas públicas y privadas haciéndole más dependiente del resto del mundo lo que incrementó su agresividad militar y su intervencionismo global. El pensador Paul M. Kennedy ya definió la excesiva extensión imperial como una trampa histórica de la que ningún imperio puede escapar.

urlEn 2012 los gastos militares de EEUU equivalían al 9% del PIB, al 50 % de los ingresos fiscales o al 100 % del déficit fiscal; hablamos de setecientos mil millones de dólares (incluyendo los gastos que hay aparte del Departamento de Estado, USAID, CIA, Departamento de energía y varias agencias de seguridad más). Esos gastos militares representaron casi el 60 % de los gastos militares globales que unidos a los de sus socios de la OTAN llegarían como mínimo al 75%. Peter Schiff, presidente de la consultora Euro Pacific Capital, escribió un artículo de economía donde se apelaba a emprender otra gran guerra, dado que las de Irak y Afganistán no eran lo suficientemente grandes para ser económicamente importantes. 

La sucesión de gasto público de 2012 y 2015 acumularía una gigantesca masa de déficit que ni los ahorradores de EEUU ni los del resto del mundo estarían en condiciones de cubrir comprando títulos de deuda de un imperio enloquecido. Peter Schiff también concluye que la compra de bonos de deuda pública por parte de los ahorradores de 1940 fue una proeza que ahora resultaría imposible para financiar una nueva guerra que reactivase la economía. La maraña financiera que lastra a EEUU es demasiado grande y la industria productiva de 1940 ahora está en completa decadencia por lo que no hay de dónde sacar dinero para tales siniestras maniobras.

La Guerra de Cuarta Generación

Mercenarios BlackwaterEsta nueva guerra además de caracterizarse por el empleo de altos niveles tecnológicos en las acciones militares se caracteriza por la supresión de las barreras del mundo civil y el mundo militar. Aparece de nuevo el uso de mercenarios como en las anteriores guerras de los Balcanes, y de fuerzas paramilitares (militares no estatales). Una característica importante es también el control férreo de los medios de comunicación mundiales para generar una opinión pública mundial y aislar a los países enemigos.

US CENTCOM, el Mando Militar Central de EEUU, dio a conocer recientemente datos significativos: los mercenarios que trabajan para el Pentágono en Oriente y Asia central asciende a 137 mil puestos directos de los cuales 40 mil serían ciudadanos norteamericanos (se tiene constancia de que la cifra total es en realidad de 190 mil). A estas cifras según Beinstein se deben añadir los contratados por las petromonarquías del Golfo Pérsico y las 3202 Agencias de seguridad de EEUU, 1271 públicas (como la CIA o la DEA) y 1931 privadas empleando a al menos 854 mil personas. En conclusión las fuerzas de intervención del imperio actúan mucho más al margen del código militar y las convenciones internacionales. El historiador Andrew Bacevich describió la mutación de la guerra de las etapas anteriores en esta nueva caracterizada por el sesgo clandestino: uso de mercenarios y paramilitares, campañas mediáticas, redes sociales, y posibildad de ofensiva norteamericana en cualquier lugar del mundo: la nueva Era Vickers. 

Volviendo a 2012 el imperialismo del Bloque Occidental cae en decadencia, EEUU con crecimiento anémico y crisis productiva, la Unión Europea estancada y con giros recesivos sin salida, y Japón con el estancamiento productivo. Los Estados y empresas aplastados por las deudas públicas y privadas (más del 500% del PIB en Inglaterra y Japón, y más del 300% en Francia, Alemania y EEUU) y dependientes de una droga llamada masa financiera global que supone veinte veces el PIB mundial, son presa de la desesperada ilusión (por la decadencia) de una suerte de metacontrol  estratégico desde las cumbres de Occidente sobre las periferias donde pululan miles de millones de seres humanos cuyas identidades culturales e instituciones son consideradas obstáculos a la depredación.

Las élites de Occidente, el imperio colectivo con la capital en EEUU, creen que esa depredación prolongará su vejez y alejará el fantasma de la muerte.

Según Beinstein, la estrategia imperial de creación de áreas desintegradas y balcanización de la periferia (periferia según el punto de vista del Imperio) ha generado un kaos del que no se ha podido beneficiar al 100% pues ha llegado a sus propias filas y sentencia: la razón de estado de EEUU y sus socios se va convirtiendo en un delirio criminal extremadamente peligroso; la destrucción deseada de la periferia no es otra cosa que la misma autodestrucción del capitalismo como sistema global y ya ha comenzado.

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