Por Juan Araujo

Aloïse Corbaz, conocida como Aloïse de Lausana (1886-1964) pasó a formar parte de la sociedad de mujeres pintoras del Art Brut de Suiza El 5 de abril de 1964 tras una carrera cargada de fantasía y creación milagrosa. La Crítica describió su mundo fantástico como una fuente de éxtasis perpetuo, un mundo con su colección de himnos.

En 1963 realizó su exposición más relevante en el Museo de Bellas Artes de Lausanne y la muestra tuvo un fuerte impacto en el público. Aparte de algunos artículos y comentarios negativos relacionados con la psicosis de la artista, muchos visitantes quedaron impactados por sus obras e hicieron algunas solicitudes de adquisición.

Sus obras están cargadas de personajes históricos y emblemáticos rodeados de una aura mágica. Sus trabajos podían ser diminutos garabatos hasta obras de más de diez metros. Durante más de diez años mantuvo en secreto su actividad creativa y su escritura hasta que su doctor en la clínica de psiquiatría comenzó a valorar seriamente sus trabajos y su arte. El doctor Hans Steck protegió y cuidó la obra de la artista a la que nunca dejó de visitar.

Sus creaciones comenzaron desde su infancia con el dibujo de mujeres y seres mitológicos; Hasta el momento parecía ser una niña como todas, pero no era así y, luego de ser descubierta en un romance con un joven sacerdote, fue enviada a Alemania para trabajar al cuidado de dos niñas. Su nuevo trabajo duró sólo un par de semanas, el siguiente fue el de institutriz de las hijas del rey Guillermo II del que se dice, estuvo profundamente enamorada y obsesionada hasta su muerte. Por otro lado se sabe que llegó a participar en reuniones del Partido Socialista e hizo escritos de carácter religioso, al parecer, en donde expresaba su pensamiento solidario con los desfavorecidos de la sociedad de su tiempo.

Aloïse se sumergió paulatinamente en una visión particular del mundo llena de una desbordante imaginación al mismo tiempo que iba perdiendo su lucidez (la misma artista lo reconoció en una misiva). Su obra fue fruto de los años en que finalmente la artista permaneció ingresada por esquizofrenia en un sanatorio a los 32 años de edad, lugar en donde trató de exorcizar sus tormentos y refugiarse en su propio mundo (que quedó plasmado en sus cuadernos de notas y dibujos en hojas sueltas de papel). Creó en su obra una cosmogonía personal llena de figuras principescas y heroínas históricas. El tema de dos amantes, y su pasión por el teatro y la ópera, predominan en su obra.

Jean Dubuffet, el artista francés que inventó el concepto del Art Brut, siguió el trabajo de Aloïse durante cerca de veinte años, y solía visitarla a menudo en Suiza. Tras la muerte de la artista en 1964, afirmó que el arte la había curado.

Dubuffet había descubierto el trabajo de Aloïse gracias a Jacqueline Porret-Forel, una joven médica generalista que trataba a la artista, y se había percatado inmediatamente de su insólita visión mental. Jacqueline Porret-Forel contribuyó a que se reconociera el talento de Aloïse hasta en Japón, donde se le han consagrado varias exposiciones.

Después de tanto tiempo y a sus 96 años, su entusiasmo por Aloïse es más grande que nunca: “Me ayuda a seguir adelante”, confiesa con una sonrisa.

“Su mayor deseo era sentirse encarnada en sus dibujos. Era para ella una manera de existir, de recuperar la posesión de un cuerpo del que se sentía despegada”, recuerda Jacqueline Porret-Forel.

“Nada la hacía más feliz que verse representada en la flor o en el animal que acababa de dibujar”.

La médica está convencida de que la vida de Aloïse hubiera sido muy diferente de habérsele suministrado neurolépticos, un tratamiento descubierto en la década de 1950. “Los antipsicóticos transforman completamente el mundo interior”.

 

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